Utin El Eslabón Los Copetudos 25-06-2015

“La idea de los Pueblos Libres era tremendamente innovadora, muy radical y promovía mucha transformación a partir de respetar la voluntad de los pueblos”, dice Raúl Fradkin, profesor titular de Historia de América y Argentina, de la Facultad de Filosofía y Letras de la UBA. “Desde la historia argentina no se entiende a (José Gervasio) Artigas, porque era americano, pero como (José de) San Martín, vivió antes de la conformación de Argentina”, resalta el autor de libros como Desafíos al orden, La política y la sociedad rural durante la revolución de la independencia (2008).

En ese marco, el investigador uruguayo Alberto Umpiérrez y el presidente del Instituto Artiguista de Santa Fe, Julio César Rondina, destacan la importancia política del Congreso de los Pueblos Libres. “Su trascendencia histórica –plantean–, radica en que allí se reunió una parte principal del territorio habitado (Banda Oriental, Corrientes, Misiones, Entre Ríos, parte de Córdoba y Santa Fe), que ya pensaban una forma de organización constitucional. Ello conlleva, ineludiblemente, la idea de independencia: no es posible organizar jurídicamente, en forma autónoma, un territorio dependiente de otro poder”.

La búsqueda de la autonomía ya estaba establecida en los dos primeros artículos de las Instrucciones a los diputados orientales que concurrirán a la célebre Asamblea del año 1813: “Pedir la Declaración de la independencia absoluta de estas Colonias. No admitir otro sistema que el de confederación para el pacto recíproco con las Provincias que forman nuestro Estado”.

En el artículo 10 señalan las instrucciones de que “esta provincia por la presente entra separadamente en una firme liga de amistad con cada una de las otras para su mutua y general felicidad”. Y a continuación, el artículo 11 remarca: “Esta provincia retiene su soberanía, libertad e independencia, todo poder, jurisdicción y derecho que no es delegado expresamente por la confederación a las Provincias Unidas juntas en congreso”.

Sobre el proceso histórico que llevó al congreso, Rondina y Umpiérrez explican: “El 13 de enero de 1815 fue izada por primera vez el pabellón artiguista en Arerunguá, provincia oriental, donde Artigas tenía su cuartel general. El l7 de enero, Blas Basualdo se suma y también iza una bandera tricolor en su Cuartel General de Saladas; en la provincia de Corrientes”.

Además, “el 1º de marzo, el propio Artigas cruza a Arroyo de la China (Concepción del Uruguay) y enarbola el pabellón tricolor, que en los días siguientes se extenderá a todas las poblaciones de Entre Ríos”.

La rebelión en la provincia

“El 24 de marzo de 1815 ocurre lo mismo en Santa Fe. Se planta la bandera en la plaza, se jura la independencia absoluta y se festeja durante tres días a partir del 3 de abril de ese año, a pedido expreso de Artigas por nota enviada al Cabildo de esta ciudad”, remarcan los investigadores.
También cuentan que “el 17 de abril, el gobernador de Córdoba, José Javier Díaz, publica una proclama considerándose que los cordobeses son «libres e independientes de toda otra autoridad que no sea la de esta capital»”.

Y remarcan: “Las provincias liberadas del dominio español y del centralismo porteño, ya en pleno ejercicio de su soberanía particular, libertad republicana e independencia absoluta, se reúnen en Arroyo de la China el día 29 de junio”.

Esa convocatoria se desprende luego que el 16 y 17 de junio, al recibir frente a Paysandú a dos enviados de Álvarez Thomas, rechaza la propuesta del Directorio, la que constaba de la independencia de la Banda Oriental, un tratado de paz, e incluía que Corrientes y Entre Ríos quedaran en libertad de ponerse bajo la protección del gobierno que gusten. Artigas se indignó y dejó de lado esa propuesta. En cambio, postulará luego el Congreso en Concepción el 29 de junio.

Instrucciones desde Santa Fe

“Se sabe –dice Rondina– que el diputado por Santa Fe, Pascual Diez de Andino, arribó con las mismas instrucciones que en 1813 portaron los diputados de la Banda Oriental ante la Asamblea General Constituyente en la primera de las cuales se reclamaba: Primeramente pedir la declaración de la independencia absoluta de éstas colonias, que ellas están absueltas de toda obligación de fidelidad a la corona de España y Familia de los Borbones y que toda conexión política entre ellas y el Estado de la España, es y debe ser totalmente disuelto”.

En la modalidad de enviar delegados, dicen los investigadores, “surge con claridad que las provincias eran soberanas, pretendían seguir siéndolo, y querían avanzar en la constitución de un gobierno superior de la Confederación que velará por el bien general, sin que por eso los Pueblos unidos pierdan la más mínima prerrogativa de sus derechos”.

Y aclaran: “En el marco de la lógica de Confederación expresada en las Instrucciones del Año XIII: las provincias deben ser primero independientes para luego entrar en Confederación mediante el pacto recíproco entre iguales. No es posible la Confederación sin una previa declaración o juramento de independencia de cada una de las provincias por separado”.

También señalan que el principio expresado por Artigas resaltaba “la Soberanía Particular de los Pueblos será precisamente declarada y ostentada como el objeto único de nuestra revolución”.

Por estas razones, advierten los historiadores: “Siguiendo esta línea de pensamiento, es razonable admitir que quienes participaban en el Congreso de Oriente ya habían declarado su independencia, con lo que el primer paso para la constitución de una confederación estaba dado. Lo que se propusieron fue avanzar en la Constitución de las Provincias Unidas del Río de la Plata, lo cual suponía una negociación con Buenos Aires”.

Sin distinción de clase

Una circular determinaba cómo sería la elección de los delegados. La documentación registrada indica que el reglamento enviado a Montevideo remarcaba: “Los ciudadanos de cada departamento concurrirán desde las nueve de la mañana hasta las cinco y media de la tarde del día subsiguiente a la recepción de la orden de esta data, a las casas que indiquen los respectivos presidentes, a nombrar tres electores correspondientes a su distrito. El voto irá bajo una cubierta cerrada y sellada: y el sobre en blanco…”.

En el marco de ese procedimiento que parece tan formal –como la presidente de la mesa, escribanos, normas del escrutinio y otros mecanismos–, se planteaba: “Se pondrá muy particular esmero en que todo se verifique con la mayor sencillez posible, cuidando que el resultado sea simplemente la voluntad general”.

Ocultando todos esto documentos y hechos, se tapa que había un proyecto libertario e igualitario, que disputó al liberalismo la política para la región. Aún hoy parece causar temor esa popular causa, tanto es así que en estos días se rechazó recordar la fecha y conmemorarla en el marco de un feriado nacional, por este único año.

Más que un feriado

“La pérdida de días de clase” y “el costo laboral de los días feriados” fue la justificación que dieron los bloques opositores en el Senado para rechazar la propuesta que ya había sido aprobada en Diputados, para que el 29 de junio fuera feriado por este año, en conmemoración del Bicentenario de los Pueblos Libres

El proyecto había sido elevado en 2014, por el diputado entrerriano Julio Solanas (FPV). Nanci Parrilli, presidenta de la comisión de Cultura, defendió el proyecto al considerar que «hay una función muy importante que es recuperar la memoria de aquellos hechos históricos que han quedado en el olvido. Y también festejar esas fechas que fueron tan importantes para la patria».

Leonardo Rodríguez Maglio, licenciado en filosofía y estricto investigador de las cartas, documentos y materiales escritos por José Artigas, resalta desde la Banda Oriental que “este 2015 es el bicentenario del apogeo de Artigas como conductor y protector de Pueblos Libres, y también de la declaración de Independencia, pero esta no tuvo una sola fecha, sino varias en el correr del año”.

“En el Congreso de Oriente se reunieron para pensar la forma de gobierno, ya se habían declarado independientes muchas regiones”, señala Maglio. “Además Buenos Aires había dicho que se integraba (allá por marzo). Pero luego el 17 de junio comunicó que no. Fue una maniobra para engañar a Artigas”, explica.

En tanto, Alberto Umpiérrez, remarca que “lo más importante es el Congreso en sí mismo, no tanto la eventual declaración”. Pero, también hace mención a otro documento posterior. “Nos referimos –refiere Umpiérrez–, a la carta que Artigas le envía al designado Director Supremo Martín de Pueyrredón el 24 de julio de 1816, respondiendo a su invitación para adherir a la Declaración de Independencia aprobada por el Congreso de Tucumán. Ahí dice Artigas: «Ha más de un año que la Banda Oriental enarboló su estandarte tricolor y juró su independencia absoluta y respectiva. Lo hará presente al Congreso para su Superior conocimiento»”.

Sucede que ya en mayo de 1815, Álvarez Thomas, enviaría a Francisco Bruno de Rivarola y al coronel Blas Pico para intentar solucionar las diferencias entre Artigas y el Directorio establecido en Buenos Aires, entrevistandose el 16 y 17 de junio a bordo de una goleta anclada en el río Uruguay frente a Paysandú.

Los enviados ofrecieron la independencia de la Banda Oriental mediante un Tratado de Paz y Amistad. Por este tratado Buenos Aires reconocía la independencia de la Banda Oriental del Uruguay, renunciando a los derechos que por el anterior régimen le pertenecían. Ofrecía una paz y amistad eterna entre las provincias contratantes echando un velo sobre todo lo pasado y que las provincias de Corrientes y Entre Ríos quedaran en libertad de ponerse bajo la protección del gobierno que gusten.

Artigas se anticipaba

En 1991 llegó recién el Mercosur y más adelante la Unión de Naciones Suramericanas (Unasur), organismo internacional concebido para construir “una identidad y ciudadanía suramericanas, al igual que desarrollar un espacio regional integrado con el fin de terminar con la pobreza de los pueblos”. El proyecto de los Pueblos Libres parece no haber perdido aún la batalla, y continuará.

Publicado en el semanario El Eslabón.

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